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Editorial | Vinotinto, me das igual

Dicen que los tiempos difíciles crean hombres fuertes. En Venezuela, los tiempos son difíciles desde hace rato. En el último mes, el Estado venezolano ha intensificado la persecución política y ha incurrido en (sus ya conocidas) violaciones sistemáticas de los derechos humanos. ¿El motivo? El 28 de julio los ciudadanos elegimos a un nuevo presidente, y el gobierno chavista (y el resto de los poderes públicos cuya autonomía ha sido corrompida) optó por desconocer los resultados. Ello desató una legítima manifestación ciudadana que fue respondida con la instauración del terrorismo de Estado.

¿Qué tiene que ver la situación política y social de Venezuela con la Vinotinto? Tiene todo que ver. No de gratis varios futbolistas de la selección nacional se expresaron en sus redes sociales tras los sucesos del 28 de julio y de los días posteriores. Resulta y acontece que los jugadores de la Vinotinto son venezolanos. Y por más que algunos insistan en separar la política de lo deportivo, es imposible ignorar lo que pasa en el país.

En los últimos días se ha desatado un debate en las redes sociales (en las que están censuradas y en las que no) sobre la conveniencia de apoyar a la Vinotinto en la próxima doble fecha de eliminatorias. Y la verdad es que es complicado alentar a un grupo que, salvo contadas excepciones, se ha hecho la vista gorda con los hechos acaecidos el último mes.

La Federación Venezolana de Fútbol es una de esas instituciones corrompidas que ejerce toda la presión posible para que los futbolistas no se expresen. Eso es una realidad. Pero del lado de los jugadores tampoco vemos grandes esfuerzos por querer expresarse, así sea de forma subliminal.

Los más de 2000 presos políticos que fueron capturados tras el 28 de julio y los más de 20 asesinados tras las protestas no son “un tema más”. Es necesario que los jugadores fijen posición.

Vamos más allá. La realidad venezolana es tan transversal que dentro de la convocatoria conseguimos que el padre de John Cancellor es uno de esos más de 2000 presos políticos. Carlos Chancellor fue detenido y encarcelado el pasado 7 de agosto. ¿El delito? Pensar distinto y manifestarse. En el mismo grupo de convocados aparece el hijo de un gobernador chavista, también vinculado a las prácticas de terrorismo desarrolladas tras el 28 de julio.

Entonces, si esto también los afecta a ustedes, ¿por qué no dicen nada? Las publicaciones en Instagram con frases genéricas no son suficiente: hace falta un mensaje contundente, un comunicado o algún gesto que dé a entender su repudio a lo que sucede. ¿O es que pretenden quedarse callados ante el secuestro del padre de uno de sus compañeros de equipo?

No sé si están conscientes del poder que tienen, de cuánto influyen en el ánimo del país. En estos tiempos, no decir nada puede interpretarse como complicidad. Y lo que está en juego es la libertad de Venezuela.

Lo más importante de esta doble fecha de eliminatorias no son los resultados. Es momento de que demuestren que son hombres fuertes, porque son tiempos difíciles. Hasta entonces, Vinotinto, me das igual.

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